Che: más mito que realidad


Che Guevara mas mito que realidadChe Guevara mas mito que realidad

 

Tres años atrás, cuando empezó a escribir Ernesto Guevara, también conocido como el Che, Paco Ignacio Taibo II difícilmente hubiera imaginado que su libro alcanzaría el éxito internacional que hoy tiene. De hecho es, sin duda, la biografía más leída del comandante Guevara en el mundo.

El mito y el fantasma.

Andrés Ruiz

En México, con la muy reciente versión de bolsillo, el volumen llega a su décima edición. En América cuenta ya con cinco ediciones en Argentina, cuatro en Colombia y una en Brasil. Además de las ocho ediciones italianas --donde el libro estuvo en la lista de los más vendidos durante poco más de un mes--, las cinco españolas, las dos francesas y las primeras de Alemania, Rusia, Grecia y Portugal.

Sobre esta biografía y su contexto actual, significado por la polémica, la pasión y la avidezErnesto Che Guevara generada en torno al Che a 30 años de su muerte en Bolivia, conversamos con su autor.

--Paco, cómo te aproximas al Che, en qué momento de tu vida lo descubres.

--Hay una anécdota que ya no sé si es verdadera, pero me gusta mucho. En noviembre de 1958 viajaba hacia México con mis padres en la motonave Guadalupe, un transatlantiquito español que hizo escala en La Habana. Tenía nueve años y desde el barco se veían los estallidos de las bombas. Recuerdo que el capitán nos llevó a mi padre y a mí a la sala de radio. Allí escuchamos una estación de onda corta con la narración de una batalla hecha por un líder rebelde, quien decía algo de unos tanques. El capitán dijo que se trataba de una transmisión desde la sierra, pero que quien hablaba lo hacía como argentino, no como cubano. Luego, juntando las fechas, vi que coincidía con el principio de la batalla de Santa Clara, y entonces, al paso de los años, decidí que había oído al Che.

``Recuerdo también, muy claramente, que en octubre del 67, cuando tenía 18 años de edad, llevaba una bolsa que tenía por arriba bolillos y por abajo volantes que repartíamos en una colonia obrera del norte de la ciudad de México. De repente vi el encabezado de Ultimas Noticias: `Murió el Che'. Se me cayó el pan al suelo, se desparramaron los volantes y me vi desolado en una esquina sin creer lo que decía el periódico; porque el Che era inmortal. ¡Cómo chingaos podían matarlo!

``Más tarde me acerqué a él de forma acuciante. Era el más herético de los líderes de la revolución, el de la veta humorística y el lenguaje no astillado. Empecé a trabajar periferias. Me dediqué a la batalla de Santa Clara hace como una década y luego hice el libro de Africa. Hace como tres años, Marco Tropea, mi editor italiano, me preguntó si no escribiría la biografía del Che. ¡No me atrevo¡, le dije, porque es cabrón enfrentar los mitos propios, con los ajenos no hay bronca. Uno tiene pánico a la figura del Che. ¿Y si lo que encuentro no me gusta? Quihúbole. ¿En tiempos como éstos andar de parricida?

``Me encontré un Che diferente al típico, al de la anécdota fragmentada que no construye al mismo personaje que me fue gustando, con el que me encariñé y me costó mucho. Ahora tengo miedos y paranoias, porque hacer una biografía significa meterte tan cerca de un tipo como el Che, que siempre te pide más, te quema.''

--¿Tus libros anteriores sobre el Che fueron una suerte de entrenamiento para la biografía, una forma de perder el miedo?

--Sí, sólo que entonces no tenía en mente hacerla, aunque llevaba 10 años indagando. Por eso, al empezar a trabajar en la biografía tenía muchísimo material y pistas. Notas sobre tal o cual tipo y lo que podía decirme si lograba que abriera la boca, por ejemplo. Al final sí fue terrible, porque revisé como tres mil fuentes. Una verdadera montaña de papel.

--¿Hay ahora una suerte de chemanía?

--No, ese nombre le dan los que no comprenden la insólita popularidad del comandante. Son quienes no entienden los amores por el Che de los jóvenes descamisados de este continente, de las comunidades campesinas, ni la simbología y este extraño ritual del panteón en que vivimos, donde los muertos comparten espacios con nosotros. Hay libros que son verdaderos engendros oportunistas, en cambio hay una producción interesante de biografías, en donde sitúo a la mía junto a otras tres: las de Castañeda, Kalfon y Anderson, con las que no voy a polemizar porque sería poco ético hacerlo ahora que mi libro está en la mesa al lado de los de mis colegas. Al tiempo discutiremos diferencias en público y habrá una polémica histórica y política.

``Asimismo, hay algo que tiene una profundidad y un nivel subterráneo mucho más interesante: el adolescente que sigue colgando el cartel del Che en la puerta de su cuarto o el que se pone la camiseta con su imagen en una sociedad mojigata. Este intento de recuperación es francamente interesante.

``A mí, sin embargo, me gusta el personaje provocador, irreverente, el que reta al poder, a sus formas y estructuras; agresivo, burlón, violentador de realidades por vía del hecho. Ese es un Che para todos, no necesariamente asociado a la propuesta del foco guerrillero de los años sesenta.''

--Has hablado del mito y del fantasma del Che, ¿qué significa esto?

--Me gustan las sociedades con mitos. Hay un proceso de elaboración en el caso del Che, que es más fantasma que mito, porque tiene la cualidad de incomodar, de asustar, de aparecer cuando nadie lo piensa y que te dice: ``¿qué esperas?, ¿que alguien te dé permiso para cambiar el mundo?''

--¿El mito sería entonces un nicho y el fantasma un ejemplo?

--El mito es un espacio cómodo, al igual que la sacralización. Existe el peligro real de convertir al Che en fenómeno religioso y redogmatizar su pensamiento, en lugar de presentar al hombre que siempre elaboró sobre el esquema de que la mejor manera de decir es hacer. Ahí hay una estética, no sólo una ética.

--¿El Che renace como fantasma?

--Vemos hoy un renovado interés por él y esto es bueno. He conversado con probablemente millares de lectores en siete países, y es apasionante el fervor y el nivel crítico con el que entran a la lectura. ¡No más santos! Estoy muy contento con este tipo de recepción de mi libro, porque demuestra que cuando cuentas bien una historia, ésta va a tener lecturas múltiples y apasionadas.

--En la presentación de tu libro alguien habló del Che como arcaico, cosificado, metido en una camiseta, en un cartel, poco atractivo para los jóvenes. Pero 10 ediciones de tu biografía en México nos dicen lo contrario.

--De los 200 mil ejemplares de este libro, 90 por ciento de sus lectores son jóvenes, y hablo sólo de los compradores, no de los lectores. Pero además ha desatado polémica y eso me encanta, porque eso significa que sí logré un libro donde el lector interpreta y no le impongo una visión del personaje.

--Ciertamente es una visión desmitificada, donde el Che aparece como un ser humano peleando contra sus propias limitaciones y contradicciones.

--Sí, porque pertenecemos a una generación que recibió al Che en fragmentos, en capsulitas que creaban la sensación de algo más allá de nosotros. Ese no es un tipo real. De la literatura y del cine hemos aprendido a contar personajes y había que traer al Che a la historia como un ser de carne y hueso.

--Parece lógica la aproximación al Che en América Latina, pero la pasión europea, ¿de donde viene?

--De una juventud a la que la oferta neoliberal ha dejado insatisfecha, que sabe que por ahí no va. La oferta de las sociedades blandas, del consumo bobo, el mundo sin destino, la vida sin pasiones, y entonces hay un retorno a la búsqueda de la utopía, y el Che representa justamente eso.

--¿Cómo te explicas a un personaje así en medio de la oleada neoliberal y surgiendo con esa fuerza?

--El péndulo neoliberal llega ya a su esquina; tengo la sensación de que veremos fuertes movimientos estudiantiles en todo el mundo, como primeros síntomas de un retorno a la revuelta; pienso que el experimento neoliberal está agotado, que el cambio se aproxima bajo formas múltiples. Creo que América Latina verá oleadas de movimientos combinados. Se acerca el inicio de otra era de cambio, de otro movimiento pendular.

http://www.jornada.unam.mx/1997/10/09/che-9.html


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